Origen e historia del yoga

historia del yogaLos orígenes y la historia de la práctica del yoga se encuentran en la India donde se practica desde hace más de dos siglos y desde allí fue exportada a China y Japón debido al uso de esta disciplina por los monjes budistas.

Del yoga se han escrito ríos de tinta y se habla mucho, pero en síntesis se trata de una técnica en la que se trabaja el equilibrio de la mente, el cuerpo y el espíritu. Como toda técnica tiene múltiples variantes y estas dependen principalmente de su procedencia, por poner un ejemplo, es bastante diferente el que se practica en la India al extendido en el Tíbet.

En contra de la creencia popular, el yoga y sus ejercicios para equilibrar la energía mediante la respiración y la meditación adecuada no está ligada a ninguna fe religiosa. Si bien no existen estudios científicos que lo demuestren, los resultados hablan por sí solos y son más que suficientes para resaltar los numerosos beneficios que obtienen aquellos que lo practican y la repercusión positiva en su salud.

En la cultura india, yoga es un término que tiene una relación mística, un fin supremo que solo se alcanza a través del dominio absoluto del cuerpo. Sin embargo, a medida que en Occidente va ganando seguidores, su carácter espiritual y filosófico se ha ido perdiendo, convirtiéndose en poco más que en una práctica de relajación y concentración para mantenernos en una buena forma física.

Los orígenes inciertos del yoga.

No se puede datar con exactitud el origen del yoga. Según cuenta una leyenda hindú, el delfín o pez Matsia presenció cómo el dios Shiva enseñaba a su esposa Parvati los ejercicios de yoga. El pez imitó a Parvati y al practicarlos se transformó en hombre. El primer documento escrito es de alrededor del siglo III a. C. cuando el pensador hindú cachemiro Patañjali, en base a los libros Vedas (libros sagrados dejados por los sabios Rishis), escribió en sánscrito el Yoga sutra (las reglas del yoga). Por eso se le considera como el padre del yoga, aunque mucho antes que él se transmitía de forma oral de maestro a discípulo mediante duras pruebas de iniciación a fin de demostrar el interés y su capacitación del seguidor. El Yoga sutra de Patañjali está dividido en cuatro partes, que han de desarrollarse en ocho etapas: la concentración, los medios para conseguirla, los poderes que derivan de ella y el aislamiento de las almas que llegan a la salvación.

Las primeras semillas.

La llegada del yoga a Occidente vino de la mano de los soldados y funcionarios ingleses que estaban destinados en la India, así como por la sociedad teosófica atraída por estas técnicas milenarias que en el pasado eran consideradas ocultas y secretas. El poeta irlandés y premio Nobel de Litaratura W.B. Yates, atraído por el budismo, fue uno de los primeros en traducir algunos textos relacionados con el yoga. A mediados del siglo XIX, los filósofos norteamericanos conocidos como los Trascendentalistas (Ralph Waldo Emerson, Henry David Thoreau y Bronson Alcott) fueron cautivados e influenciados los antiguos yoguis y su idea de que realidad central es la de la fuerza del alma que debe ser respetada y a la cual se le debe permitir su manifestación en armonía con el cuerpo y la mente. Este concepto fue determinante para que los intelectuales occidentales le concedieran al yoga su atención.

Pioneros y yoguis famosos.

En septiembre de 1893, se llevó a cabo el primer Parlamento Mundial de Religiones en Chicago, al que acudió el joven monje de la India IL. Swami Vivekananda (1863-1902). Su participación fue un éxito; arrasó en los Estados Unidos, y luego en Europa. Comenzó a viajar de un lado para otro revelando los logros espirituales únicos de su maestro Ramakrishna Paramahamsa, estableció las enseñanzas del Vedanta – la expresión más pura del pensamiento y la metafísica hindúes- en Occidente e hizo de “yoga” una palabra conocida.

Otro de los pioneros fue el yogui Swami Rama Tirtha (1873-1906). Este maestro de Vedanta y catedrático en matemáticas, llegó a San Francisco en 1902, para dar una serie de discursos. Su éxito estuvo en saber mezclar perfectamente el lenguaje de ciencia y espíritu. Habrá que esperar casi dos décadas para que aparezca el primer líder espiritual indio en enseñar y vivir permanentemente en Occidente: en octubre de 1920, Swami Yogananda Giri (1893-1952) llegó de la India para participar en el Congreso Internacional de Religiones Liberales en Boston, Massachussets, y pasó el resto de su vida en los Estados Unidos prodigando sus enseñanzas.

Pero el comienzo del boom tuvo lugar en Hollywood, de la mano de la rusa Indra Devi, llamada “la primera dama del yoga”, quien abrió un estudio de yoga en 1947 y pronto se llenó de celebridades y actores de la época. A mediados de los años sesenta cuando los Beatles viajaron a Rishikesh, la ciudad sagrada del los Himalayas y conocieron a Maharishi Mahesh Yogi, quien les enseñó yoga y meditación trascendental el hatha yoga ya era algo de “moda”. Fue el pistoletazo de salida para convertirse en el fenómeno de masas que es en la actualidad.

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